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HolmesQuizás usted piense que es imposible escribir una escena que sea perfecta. ¿Quién puede elegir sin fallos cada palabra, cada pensamiento, cada oración, cada párrafo? Por otro lado ¿se puede llegar a alcanzar la perfección? La verdad es que no lo sé. La perfección esta en los ojos de quien lee. El estilo es una cuestión de gustos, y para gustos…

Pero la estructura sí que es comprensible. Puede ser que usted no pueda escribir la escena con un estilo perfecto, pero sí puede escribirla con una estructura perfecta.

Llegados a este punto debemos entender primero cómo sabremos si hemos alcanzado la perfección en la escritura de ficción: La base esta en entender la motivación de nuestro lector por leer novelas. Las personas leen ficción porque el escritor les brinda una poderosa experiencia emocional. Si usted escribe una novela romántica, debe crear en su lector la impresión de que él o ella se están enamorando. Si escribe un thriller, debe crear en sus lectores la ilusión de que están en peligro mortal y tienen una mínima posibilidad de salvar su vida (y la de toda la humanidad). Si usted escribe Fantasía, es imprescindible que sus lectores piensen que efectivamente están en un mundo donde todo es diferente, maravilloso y mágico. Esta ilusión de verdadera inmersión deberá cumplirse para todos los géneros.

Si usted falla en la creación de esas emociones en sus lectores, entonces falla su libro. Si usted crea esas emociones en sus lectores, entonces tiene éxito. Cuanto mejor transmita estas experiencias emocionales, mejor es su novela. La perfección en la escritura llega cuando se crea la experiencia emocional más completa y vívida posible para sus lectores.

Lo que sigue es traducción, extracto, resumen e interpretación de los conceptos de Dwight Swain, vertidos en su excelente libro “Techniques of the Selling Writer” de 1965:

La estructura de una escena se organiza en dos niveles: macroestructura y microestructura.

Macroestructura Es muy simple. Sólo hay dos posibilidades para la macroestructura de una escena: Acción o Secuela.

Una Acción sigue este modelo en tres partes: Objetivo – Conflicto – Problema

Una Secuela sigue este modelo en tres partes: Reacción – Dilema – Decisión

Usted pensará que es demasiado simple. Esto reduciría a la ficción a los dos modelos que han probado, miles de novelistas, que realmente funcionan. Está claro que existen muchos otros modelos de estructurar una escena. Estos generalmente no funcionan tan bien. Quizás haya otros modelos que funcionen mejor, pero no los he encontrado. Para el caso, supongamos que éstos son los mejores modelos que hay para escribir ficción, que son la clave para las escenas perfectas.

Como vimos, la Acción tiene tres partes: Objetivo, Conflicto y Problema. Cada una es muy importante y se relacionan de forma directa con la manera en que el Personaje Actor (PA) experimenta la escena. La meta es transmitir de manera convincente que nuestro PA está viviendo esa escena. Esto hay que hacerlo creando en el lector la ilusión de que él es el PA.

El Objetivo: Es lo que nuestro PA quiere al principio de la escena y debe estar claramente definido. La razón por la que todo personaje debe tener un objetivo es porque eso es lo que hace a nuestro personaje proactivo, lo que lo hace actuar. Nuestro PA no estará entonces pasivamente esperando que pase algo. Nuestro PA irá detrás de lo que quiere, justo como nuestros lectores desearían hacer. Es un hecho que cualquiera que desee algo de forma desesperada es un personaje interesante. Aún si no es simpático, es interesante. Sus lectores se identificarán con ese personaje, y eso queremos como escritores.

El Conflicto: Se llama así a la serie de obstáculos que enfrenta el PA en su camino por lograr su Objetivo. Siempre debe haber Conflicto en sus escenas. Si el PA logra su objetivo sin Conflicto, entonces sus lectores se aburren. Ellos quieren luchar, ninguna victoria tiene valor si se consigue demasiado fácil. Entonces haga que su PA luche y sus lectores vivirán esa lucha.

El Problema: Es una falla que impide lograr el Objetivo, en todo o en parte. Ganar es aburrido, cuando una escena termina en victoria absoluta sus lectores sienten que no hay razón para pasar página. Hay que hacer que algo desagradable pase, los amenace o al menos se perciba. Un mundo sin miedo es un error si queremos enganchar a nuestros lectores. Cuelgue a su PA de un acantilado y sus lectores no podrán evitar voltear la página para saber lo que pasa después.

Las Secuelas también tienen tres partes: Reacción, Dilema y Decisión. De nuevo, cada parte es crítica para escribir una Secuela exitosa. Si dejamos fuera una parte, la Secuela no funciona. Déjeme agregar un punto importante aquí: El propósito de la Secuelas es seguir a las Acciones. Las Acciones terminan con un Problema y no podemos continuar la historia con otra Acción, que comienza con un Objetivo nuevo. ¿Por qué? Porque cuando nuestro PA es golpeado por un contratiempo no debemos apurarlo a intentar alcanzar algo distinto, Tiene que recomponerse. Es psicología básica.

La Reacción: Es la respuesta emocional al Problema. Cuando algo malo sucede, nos detenemos, nos tambaleamos, fuera de balance, aturdidos. No lo podemos evitar. Entonces debemos mostrar a nuestro PA reaccionando visceralmente ante el Problema. Herido. Quizás (según la magnitud del revés sufrido) haya que mostrar el paso del tiempo. No es momento para la acción, es hora de lidiar con la desesperanza. Pero no se puede caer en la depresión permanente. En la vida real si esto pasa uno pierde sus amigos, en la ficción se pierden los lectores. Eventualmente nuestro PA se recompone, hace balance y empieza a buscar opciones. El problema es que no encuentra ninguna.

El Dilema: Es la situación donde nuestro PA debe escoger un camino a seguir, pero si el Problema fue realmente grave no habrá buenas opciones para escoger. El personaje debe tener un verdadero Dilema, esto dará al lector la oportunidad de angustiarse y preocuparse, lo que es bueno para la historia. Debemos tener al lector preguntándose qué ocurrirá después. Debe dejar al PA sopesar las opciones y al fin intentar escoger la menos mala.

La Decisión: Es el acto de hacer una elección entre los diversos cursos a seguir. Esto es importante porque permite al PA volverse nuevamente proactivo. La gente que nunca toma decisiones es aburrida. Hay que hacerlo escoger y que sea una buena elección. Una que el lector entienda y respete, aunque no necesariamente comparta. Debe haber riesgo, peligro, pero le dará al personaje la oportunidad de ponerse en movimiento. Con esto nuestro lector no podrá evitar pasar páginas, porque el protagonista tiene un nuevo Objetivo que alcanzar.

Entonces cerramos el círculo. Vamos de la Acción a la Secuela y a otro Objetivo para una nueva Acción. Por eso el modelo Acción – Secuela es tan efectivo. En algún momento, deberemos terminar el ciclo, para ello le daremos al PA la posibilidad de la Victoria Definitiva o la Peor Derrota y eso será al final de la novela. Pero, hasta que lleguemos a ese punto, la alternancia de escenas entre Acción – Secuela funcionará de maravilla y nuestro lector nos va a maldecir por no poder dejar el libro en toda la noche.

Eso es perfección.

De todos modos, es solamente la mitad de la batalla. Con esto sabremos cómo diseñar la macroestructura de las escenas, pero aún necesitamos escribirlas, párrafo tras párrafo atrapante:

Microestructura La respuesta para alcanzar la correcta estructura a pequeña escala de nuestras escenas es escribir una sucesión de Secuencias de Motivación y Reacción. Hacer esto de forma correcta es extremadamente laborioso y requiere interminables horas de trabajo duro, pero vale la pena. Para entendernos: Una Secuencia de Motivación y Reacción (SMR) es un tándem entre lo que nuestro PA ve (la Motivación) y lo que hace (la Reacción). Esto es sumamente importante. Lo que el personaje ve (o escucha, o huele, o siente) hay que escribirlo de forma que nuestro lector lo vea (o escuche, o huela, o sienta). Entonces empezaremos el nuevo párrafo en donde el PA actúe (Reaccione) en consecuencia a esa Motivación. Esta secuencia se basa en lo que es psicológicamente posible. Nótese que la Motivación es externa y objetiva a la vez que la Reacción es interna y subjetiva. Si usted hace esto creará en su lector la poderosa ilusión de que está experimentando algo real. Vamos a los detalles:

La Motivación se debe presentar en términos externos y objetivos, en un párrafo. No debe ser complicada. Un ejemplo:

El tigre bajó del árbol y se enfrentó a Samuel.

Las claves aquí son: La frase es objetiva, como si lo viésemos en una película. Nada indica el punto de vista de Samuel. Eso viene después, pero la Motivación debe quedar simple, clara y concisa.

La Reacción es interna y subjetiva y debe presentarse de esa forma, como nuestro personaje lo experimentará, desde dentro. Es la oportunidad de hacer sentir al lector como si fuese nuestro PA. Esto debe suceder en su propio párrafo, para no precipitar al lector y forzarle la marcha.

La Reacción es más compleja que la Motivación, porque es interna y los procesos internos se rigen por diferentes tiempos. Cuando vemos un tigre, en la primera décima de segundo, sólo tenemos tiempo para una cosa: miedo. Luego sobreviene la reacción instintiva, por reflejo. Poco después hay tiempo para reaccionar de forma racional, pensar, hablar, actuar. Debemos escribir de modo que se exprese la complejidad de la reacción en ese orden, desde lo primitivo a lo racional. Desde lo inmediato a lo ejecutado desde el pensamiento. De rápido a lento. Si lo ponemos en otro orden las cosas no parecen estar correctas y a nuestro lector (de forma consiente o no) le va a molestar. Destruiremos la ilusión de realidad y el lector dejará de leer lo que no le convenza. Vamos al ejemplo:

Un torrente de adrenalina inundó las venas de Samuel. Levantó el rifle para apoyarlo en su hombro, apuntando a la cabeza del felino. Suavemente apretó el gatillo. – ¡Muere, monstruo!

Analicemos este párrafo. Aquí están las tres partes de la Reacción:

Instinto: “Un torrente de adrenalina inundó las venas de Samuel.” Esto va primero, porque pasa casi instantáneamente.

Reflejo: “Levantó el rifle para apoyarlo en su hombro…” Esto se muestra en segundo lugar, como resultado del miedo que genera un acto reflejo.

Acción Racional y Diálogo: “…apuntando a la cabeza del felino. Suavemente apretó el gatillo. – ¡Muere, monstruo!” Finalmente, cuando el personaje tuvo oportunidad de pensar y actuar en consecuencia. Habla como expresión racional de su estado emocional.

Podríamos quitar una o dos partes de estas tres, pero las que queden deberán respetar el orden correcto. Si hay Instinto, al principio; si existe una Acción Refleja debe ir después de la Instintiva; y si hay una Acción Racional siempre deberá ir al final de la cadena. Esto es simple y obvio, y si sigue estas reglas sus Reacciones estarán siempre bien estructuradas.

Después de la Reacción viene… otra Motivación. Ésta es la clave, no podemos contentarnos con escribir una SMR perfecta. Debemos escribir otra y luego otra, y otra más. La Reacción que acaba de escribir llevará a una nueva Motivación, externa y objetiva, escrita en su propio párrafo. Continuando el ejemplo:

La bala traspasó el hombro derecho del tigre. Un chorro de sangre saltó de la herida abierta. El tigre rugió, se tambaleó, y luego saltó directamente hacia la garganta de Samuel.

Esta motivación es más compleja, cuidando siempre que sea externa y objetiva. Algo que no sólo nuestro PA pueda ver y sentir, sino que cualquier observador puede experimentar, de encontrarse presente. Lo importante es continuar la alternancia de la Motivación y la Reacción hasta quedarse sin más, entonces la escena de Acción o Secuela está terminada. No escapemos de ella demasiado rápido, pero tampoco la hagamos durar demasiado.

Escriba cada Acción y Secuela como una sucesión de SMRs. Cualquier otra frase que no sea parte de una SMR debe desaparecer. Sin piedad. Todo lo que no es SMR es superfluo. Sobra. Quizás esto parezca excesivo, pero una vez que alcanzamos cierto ritmo se hace más llevadero, hasta se disfruta de la creación de escenas perfectamente estructuradas.

Si, por el contrario, nos paralizamos frente al teclado y no podemos siquiera comenzar por miedo a romper reglas, hay otra forma de hacerlo:

Olvídese por completo de las reglas. Escriba. Simplemente ponga palabra tras palabra como lo solía hacer. Sin límites, sin estructuras. Sólo creando una historia de la nada.

Cuando haya acabado la sesión de escritura no comience a editar. Haga otra cosa. Salga a pasear, pase algún tiempo con esas molestas personas que viven en su casa, ya sabe, su familia. ¿Recuerda que tiene amigos? Haga cualquier cosa que no sea escribir.

Luego, cuando esté preparado, regrese y lea su “creación libre”. Tendrá muchas partes buenas y frases inspiradas, pero no estará perfectamente estructurada. Nuestro crítico interno tomará el control y comenzará a cortar, desmenuzar, corregir y volver a unir partes. Analizará cada escena: ¿Es una Acción o una Secuela? ¿Ninguna de las dos?, entonces hay que convertirla en una o la otra, o hacerla desaparecer. Si es Acción debe tener su Objetivo, Conflicto y Problema. Identifique cada parte. Si es una Secuela, verifique que contenga la Reacción, el Dilema y la Decisión. Si no puede situar la escena en una de estas dos estructuras entonces elimínela sin miramientos. Quizás pueda encontrarle uso como un soneto, una canción o parte de un manual técnico, pero no es parte de una novela de ficción.

Ahora que identificó cada escena como Acción o Secuela, reescríbala SMR por SMR. Asegúrese que cada Motivación está en su párrafo separado de cada Reacción. Está bien tener varios párrafos para una Motivación o para una Reacción, pero es fatal mezclarlas en un solo párrafo. Cuando las haya separado, verá que tiene frases que no pertenecen a la Motivación ni a la Reacción. Sáquelas, no importa cuán inteligentes o bellas piense que son, son parásitos. No pertenecen a la estructura de una obra de ficción y eso es lo que está escribiendo.

Examine cada Motivación y asegúrese que es objetiva y externa. Sin dudas, sin piedad. No se puede permitir indulgencias con una frase que envenene su ficción. Mátela o matará su novela.

Una vez identificados los elementos de las Reacciones, asegúrese que se muestran de forma subjetiva e interna. Deben salir desde dentro de la piel de nuestro Personaje Actor. Verifique que están en el orden correcto, primero Instinto, luego Reflejos y entonces Acción Racional y Diálogo. Nuevamente, elimine cualquier otra cosa, aún esos pensamientos que seguro le conseguirían un Nobel de la Paz. Esas brillantes disquisiciones están bien como filosofía, pero no deben ser parte de su novela de ficción. Si puede arreglarlos de forma que se ajusten a un correcto modelo de estructura de ficción, entonces consérvelos, de lo contrario hágalos desaparecer. El objetivo es escribir una novela y eso es lo que hacen los novelistas.

Cuando llegue al final de una escena, sea Acción o Secuela, verifique que todo está en su lugar en cada SMR. Siéntase libre de editar también el estilo, claridad, gramática, ortografía, sintaxis y todas esas otras cosas que ya sabe corregir. Cuando haya llevado a cabo esto respire hondo, ha escrito una escena perfecta. Todo está bien en su mundo. La escena está terminada.

Ahora vaya y hágalo una y otra vez hasta terminar su novela.

Para profundizar en la materia y en otros conceptos relacionados a la escritura de novelas de ficción, recomiendo leer completo (está en inglés, no encontré una edición en castellano) el libro “Techniques of the Selling Writer”, por Dwight Swain (1965). No tiene desperdicio.